Viviendo en el extranjero

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15 motivos por los que deberías estudiar en el extranjero

Vivir es caminar, cruzar fronteras, superar nuestros propios límites, por eso irte a estudiar fuera de tu país puede convertirse en una de las mejores experiencias de tu vida, y qué mejor momento para hacerlo que cuando eres joven, tienes tantas ganas de aprender (aunque esperemos que estas nunca se terminen), una energía interminable y toda la vida por delante.

Así que deja tu zona de confort y lánzate a la aventura, porque la aventura pagará y te traerá muchas sorpresas. En seguida los 15 motivos por los que no deberías esperar:

  1. Podrás aprender a realizar un proyecto.

Irte a estudiar fuera de tu país es todo un proyecto que se tiene que idear, planear, ejecutar y darle seguimiento, es una experiencia que te enseñará que los sueños se pueden cumplir, pero que primero hay que soñarlos, y que no basta con eso, hay que llevarlos a cabo, con acciones concretas.

2. Estudiar en el extranjero te enseña a viajar.

Aprendes a preparar tu itinerario, a viajar en tren, a despertarte tempranito para visitar todo lo que puedas en tus días libres. Las ganas de realizar un viaje por el país o el continente, en tu semana de vacaciones, solo, o junto a tus compañeros, te impulsará a reservar vuelos, trenes, hostales, comprar la City Card, etc, y te convertirás en un experto, casi casi pones tu agencias de viajes cuando regreses a tu país 😉

3. La convivencia con otras culturas.

No hay cosa más hermosa que muchas personas de decenas de países que se divierten y hacen equipo, esto es lo que pasa cuando vas a estudiar al extranjero, conoces otras culturas y ves que muchos de los estereotipos sobre algunas culturas son falsos. Aprendes que todas las culturas tienen algo positivo de lo que puedes aprender.

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4. Networking.

Conocerás gente de todas partes del mundo y conocer gente es bueno, nunca sabes qué te depara el destino, y las relaciones que haces en un periodo de estudios en el extranjero pueden durar toda una vida. Puedes conocer a tu mejor amigo, a tu futuro empleador, compañero de viajes, socio, o hasta a tu pareja. En un viaje así, conocerás personas que si no te hubieras lanzado a esta aventura nunca hubieras conocido.

5. Saldrás de tu ambiente y aprenderás a adaptarte.

Has escuchado que muchas empresas cuando buscan personal, buscan personas que tengan la capacidad de resolver problemas, el famoso “problem solving”, pues con una experiencia de estudios en el extranjero, esta capacidad la obtendrás de seguro. Estudiar en el extranjero quiere decir salir de tu zona de confort, adaptarte a nuevas costumbres, a un idioma que no es el tuyo, a nuevas formas de hacer las cosas y tendrás que resolver imprevistos, lo cual te dará sin duda, un gran crecimiento personal.

6. Conocer mientras aprendes.

Este es uno de los motivos más interesantes, ¿qué mejor que conocer nuevos lugares, mientras inviertes en tu superación? La combinación da resultados impresionantes pues uno aprende con más gusto porque está relajado, y al mismo tiempo conoce gente con la que puede viajar. Una de las destinaciones para lograr aprender mientras se conocen lugares hermosos es la Isla de Malta, un pequeño país de la Unión Europea, donde al parecer sale siempre el sol y hay varias escuelas de inglés que ofrecen cursos para todos los niveles, como Maltalingua.

7. La posibilidad de graduarte con un doble título.

Muchas universidades tienen acuerdos con Universidades en el extranjero para darte la opción de doble titulación,es decir haciendo el último o los últimos años de tu carrera en el extranjero, podrás obtener el título de ambas universidades y esto es una ENORME ventaja, sobretodo si quieres realizar un posgrado en ese país, o vivir ahí en un futuro, pues te ahorrará un montón de trámites.

8. Aprender a vivir solo.

Cuando estudias fuera de tu país, aprendes a manejar un presupuesto, lo que tienes para el mes, o te alcanza o te alcanza, si no lo hacías ya, es hora de ponerte a lavar tu ropa, a cocinar tu comida, a limpiar y ordenar tu casa. Aprenderás a administrarte, a ser independiente, a estar solo y a buscar compañía.

9. Aprender un idioma de la mejor manera.

Si decides ir a estudiar el extranjero para aprender o practicar orto idioma, habrás hecho la mejor decisión pues es estando inmersos en la cultura y hablando todo el día en el idioma que queremos aprender es la mejor manera. Un idioma no se trata solo de aprender la gramática, y la pronunciación, sino de aprender la historia, la cultura y las costumbres del país donde este idioma se habla.

10. Tendrás muchas ventajas en tu vida profesional.

Ya sea que te fuiste a estudiar un idioma, un posgrado o a terminar tu carrera, estudiar en el extranjero te dará algo único: la experiencia internacional. El hecho de que hayas pasado un periodo fuera de tu país en una actividad académica demuestra que sabes planear, luchar por cumplir tus objetivos, adaptarte a nuevos entornos, resolver problemas y que tienes apertura mental para conocer nuevos mundos.

11. Conocerás otros paisajes, otros climas.

¿Sabes lo que se siente estar en la cima de los Alpes, o en un bosque perdido en Canadá, ver al horizonte y observar metros y metros de nieve, o ver los árboles vestirse de café, amarillo, y naranja para después perder poco a poco sus hojas? Aprenderás a adaptarte a nuevas temperaturas al mismo tiempo que conoces otros paisajes naturales que te dejarán sin aliento.

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12. Tener un posgrado internacional.

Hoy en día el mercado profesional es muy competitivo y tener un posgrado nos da ciertamente una ventaja, realizarlo en el extranjero te permite no solo tener una mayor ventaja, si eres aceptado en una universidad de prestigio, sino poder conocer la oferta laboral en ese país y, tal vez, hasta realizar prácticas profesionales en ese país.

13. Valorar lo que tienes.

Como dice el dicho “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”, en este caso no lo tendrás que perder, basta alejarse un tiempo de tu país, tu familia, tus amigos, para valorarlos como nunca antes y entender lo verdaderamente importantes que son para ti. Nunca cantarás Cielito Lindo con las mismas ganas que cuando estás lejos de México.

14. Conocerte a ti mismo.

Estudiar en el extranjero te enfrenta con el mundo, pero sobretodo te enfrenta contigo mismo, te permite conocer tus miedos, tus más escondidos anhelos, te pone en situaciones en las que puedes descubrir tu fuerza interior,  o talentos de los que no te habías percatado. Te hace descubrirte más allá de tus propias fronteras y ver y creer en todo tu potencial.

15. Ver el mundo desde otra perspectiva.

Estudiar en el extranjero cambia tu manera de ver el mundo, amplia tus horizontes, te da un conocimiento que va más allá de lo que estudias, es un aprendizaje para la vida, ¡una experiencia que puede cambiar la tuya!

Así que si ya te dieron ganas de emprender esta aventura, no lo pienses más, aquí te dejo algunos post que pueden ayudarte a cumplir este deseo:

¡Suerte! Y no dejen de compartir su experiencia en los comentarios, alguno de ustedes ha estudiado en el extranjero, ¿cómo fue su experiencia? ¿lo recomendarían a los demás?

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Una aspirante de bailarina en Cuba.

Si hay un país, aparte del mío, que marcó en gran medida quién soy, ese es Cuba. Dieciocho años, una maleta llena con ropa de ballet, zapatillas, latas de atún y barras de granola (pues mi mamá temía que muriera de hambre), ilusiones de esas transparentes y tantas ganas de trabajar duro para convertirme en la mejor bailarina que pudiera ser.

En realidad hice tres viajes a Cuba, el primero de 3 semanas, el segundo de un año y después volví un un par de meses más. Cuando escucho “La Habana” todavía recuerdo sus olores, la humedad en la piel por el calor constante y el sonido de las olas rompiendo contra el malecón. ¡Ah el malecón!, recuerdo pasar tardes enteras ahí sentada a ver el horizonte, pensando en mil cosas y en nada al mismo tiempo.

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Manuela mi querida amiga y roomie en el malecón de La Habana

Mi experiencia como bailarina.

Mi primer viaje fue exploratorio, tenía 16 años. Me dí cuenta del altísimo nivel que tenía (y tiene) el Ballet Nacional de Cuba (BNC), me di cuenta de que mi técnica estaba “sucia”, “viciada”. “Quiero estudiar en la Cátedra Internacional de Danza del BNC”, decidí.

Así me lo propuse y así fue. Al salir de la prepa me fui a vivir un año a Cuba a estudiar ballet. Tuve excelentes maestras como: Ileana Lastres, Migdalia Montero y Lydia Diaz. Fue para mí un proceso de autoconocimiento, de fortalecimiento de cada músculo de mi cuerpo, de encontrar sensaciones que sólo la experiencia de estas grandes maestras podía darme.

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Yo chillando al despedirme de mi maestra Lydia Diaz.

Al principio me asusté.  Mis extensiones, mi en dehors, todo parecía que bajaba de nivel, era como un reiniciar lentamente. Pero poco a poco ya iba notando grandes cambios, mi composición corporal iba trasformándose sorprendentemente, mis músculos se hacían compactos y fuertes.

Mi técnica mejoró, no solo por las distintas clases que tomaba: Ballet, Puntas, Preparación Física, Repertorio, Danza Contemporánea y Folklore Cubano, sino por estar diariamente observando las clases y los ensayos del Ballet Nacional de Cuba. Absorbí de los bailarines del BNC todo lo que pude. Algunos me dieron consejos muy valiosos y en otros observé sensaciones tan claras que fueron fáciles de interiorizar y de aplicar.

Después de unos meses me fue dada la oportunidad de hacer clase con la compañía y ensayar con el cuerpo de baile. Las clases eran un sueño, maestras como Aurora Bosch y Loipa Araujo fueron un privilegio. Estar en ensayos de ballets como Giselle o Paquita, ensayados por Josefina Mendez, me enseñó lo más importante sobre un cuerpo de baile: los detalles, la unificación, la disciplina. Hacer clase con estrellas como Carlos Acosta, Viengsay Valdes, Joel Carreño, Yolanda Correa, Oscar Torrado, Laura Hormigón, Adiarys Almeida, Hayna Gutierrez y ver ensayar al grande Rolando Sarabia son momentos irrepetibles que me dejó La Habana.

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Clase con el magnífico Carlos Acosta (extrema izquierda). Maestra: Migdalia Montero

Adaptándome a la cultura.

Culturalmente también fue un cambio drástico, comenzando por la manera de hablar, cuando llegué a Cuba ¡no entendía nada!, pensaba que hablaban muy rápido y que estaban enojados o molestos. Pero los cubanos me enseñaron a vivir el presente, a ser feliz sin motivo, a darle menos importancia a los pequeños problemas.

En La Habana había siempre una casa con música y fiesta. La gente es abierta y desde el primer día te hablan como si siempre te hubieran conocido: “Mi hermano”, “Mi amor”, “Mi vida”, “Compadre”. Además fui afortunada pues me tocó vivir con una gran familia cubana, hecha de personas y personitas de gran corazón, que me adoptaron como si fuera uno de ellos.

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Fiesta improvisada en alguna casa.

Estoy segura de que cualquier persona que haya vivido el suficiente tiempo en Cuba, la considera suya. La verdad es que Cuba se adueña de ti, y no te deja ir. Mi Habana, mi vieja Habana, volveré.

 “Habana, mi Habana si supieras el dolor que siento cuando te canto y no entiendes que es amor”

 

-Una disculpa por la calidad de las fotos, pero es que todavía eran de rollo, no me hagan del paleolítico, ya había cámaras digitales,creo, solo que yo era lowbudget.-